LA LEYENDA DEL MUQUI
En la sierra del Perú se
cuenta la leyenda del Muqui.
La palabra muqui viene
de la palabra quechua murik ‘el
que asfixia’. Otra traducción sugiere la palabra mukiq, como ‘el acto de
torcer’ o ‘ahorcar’, en clara alusión al silicio que abunda en las minas, gas
letal que produce la silicosis, que es una grave enfermedad respiratoria.
El Muqui también se conoce como “anchancho” y
se trata de un duende nacido en la mitología de los Andes Centrarles es
decir: Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. El muqui se caracteriza por ser minero,
por lo tanto toda su vida se desarrolla dentro del espacio subterráneo.
Los mineros que han logrado ver a estos duendes, los describen como un
ser de estatura pequeña, que nunca llega al metro de altura, es bonachón,
asimétrico y camina como pato. Su cabeza está unida al tronco, pues no posee
cuello. Sus cabellos son largos, de color rubio brillante y su rostro es
colorado cubierto por una larga barba blanquecina y piel llena de vellos. Su
voz es grave y ronca, no concordante con su estatura.
Dicen que su mirada es agresiva, penetrante y hasta hipnótica. Suele vestir
como minero, usa botas de caucho, abrigado por un poncho de lana y usa casco de
protección, lleva una lampara de carburo y una shicullo (soga de pelos de
caballo) atado a la cintura. Suele ser el responsable de extraños ruidos en las
minas, pérdidas de herramientas sin explicación lógica, el agotamiento o el
cambio de sentido de una veta de mineral sin motivo aparente. Los mineros refieren
que emiten potentes silbidos, para anunciar el peligro y salvar mineros de su
simpatía. Se dice que es muy comunicativo, y hasta incluso se comunica en los
sueños.
Se cuenta la historia de don Demetrio, minero viudo
con un hijo de ocho años, llamado Amaru.
Un día, don Demetrio mandó a su hijo
Amaru que fuera al río a recoger agua, para preparar la sopa de carnero y papas
para el almuerzo. Había pasado mucho tiempo y el padre comenzó a preocuparse
por el retraso de Amaru, por lo que decidió ir a buscarlo. Al encontrarlo cerca
del río, lo sorprendió jugando con una pequeña criatura, que reconoció de
inmediato, era el muqui.
Sin pensarlo dos veces, don Demetrio se
lanzó sobre el duende, tomó su shicullo y atrapó al muqui, quien no mostró
resistencia. Este, a cambio de su libertad, prometió trabajar para el anciano.
Desde entonces, don Demetrio se convirtió en el minero más rico de toda su
región.

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